Memoria histórica y cultura hacen identidad nacional…
identidad nacional posibilita proyecto de nación…
identidad nacional es el camino a la emancipación…
Sólo si sabemos de dónde venimos sabremos qué somos y hacia dónde vamos…

 Por David Ben-oni

Hablar de desigualdad social es cometer un error de términos que implica un error de entendimiento, sin el cual no se puede lograr la comprensión necesaria para plantearnos la problemática en su justa dimensión y, poder así, salir a su encuentro y plantearnos una posible solución a la misma.

   Una sociedad es una conjunción de individuos que persiguen el mismo fin, es decir, tienen un conjunto de intereses en común, que satisfacen cooperando entre sí. Obviamente, para que esta conjunción se dé, dichos individuos deben ser conscientes de sus necesidades en común, y también ser conscientes de la necesidad de satisfacer dichas necesidades, además de saber de cierto, que sólo en común habrán de poder satisfacerlas. Por tanto, para que una sociedad exista, los individuos que la componen deberán ser libres por antonomasia; puesto que la propia categoría de libertad, significa la consciencia de las necesidades y la consciencia de tener que satisfacerlas.

   El imaginario colectivo que hoy nos ha sido impuesto llamar sociedad, no es tal, puesto que los individuos que la componen, además de hacerlo de forma involuntaria (puesto que nadie les ha preguntado nada), sostienen intereses contrapuestos entre sí, la mayoría de la veces contradictorios, inconexos e incoherentes con el progreso general de la humanidad y la nación que les ha permitido su desarrollo.

   Biológicamente, podemos encontrar modelos de asociación cooperantes y competitivos, pero notemos que, hasta etimológicamente, el prefijo “a” es una negación. Categóricamente, una sociedad biológica sólo se da por simbiosis, es decir, por el mutuo beneficio de los socios de tal o cual relación. Aquí está la clave, debemos ser capaces de diferenciar un conjunto de relaciones, de las asociaciones y sociedades; la triada de conceptos propuesta, no son símiles entre sí, no mantienen relaciones de identidad lingüística, no son sinónimos…

   Nosotros mismos somos el producto biológico de una sociedad de gametos genéticos, pero el cómo se dio, sí importa, pudo haber sido por asociación, por sociedad, es decir, por competencia o por cooperación, y ambas actitudes no pueden tener los mismos resultados. Como ya mencionaba, solo el interés común puede orientar hacia un mismo camino… los intereses particulares son irreconciliables, terminan contraponiéndose, anulando uno al otro, o sometiendo a los individuos. Y recordemos, la obligación de los individuos libres es autogobernarse, la obligación de los esclavos es obedecer…

    La competencia por la supervivencia, generada y desarrollada entre los individuos y las naciones que componen el imaginario colectivo que en los hechos se llama capitalismo, se basa en la conjunción de quienes poseen todo, y la inmensa mayoría que tiene nada. Conjunción desarrollada a partir de la explotación del hombre por el hombre mismo, y que tiene en desarrollo más menos 12, 500 años…

   Hoy en día, la desigualdad entre los individuos tiene una proporción de 90 a 10, es decir, 9 de cada 10 no tienen nada, para que el 10 por ciento restante goce del 80% de los recursos generados por el trabajo diario y extenuante que desarrolla nuestra especie y que se traduce en una producción con la que se especula en lo que hemos llamado mercado. Verdadero condicionante del destino de los individuos que lo padecen.

   El “sistema”, como lo suelen llamar los ignorantes, el modo de producción; vomita individuos a los que les hace sentirse sobrantes de la especie, denigrados y condicionados para sentirse en la obligación de venderse cual rameras al mejor postor. Les inserta intereses de la clase dominante que no entienden, y mucho menos comprenden cómo y desde cuándo esta clase explotadora logró posicionarse y condicionar a sus congéneres a un trabajo mecanicista y rutinario que rompe su personalidad, les ancla en la ignorancia, y les exprime hasta la más mínima gota de vida. La ignorancia hace confundir a los individuos entre la supervivencia y la vida misma. Tienden a la creencia de pensarse vivos a partir de que satisfacen las necesidades más apremiantes por que no se conocen y ni siquiera pueden reconocer sus carencias y necesidades; ¿en dónde queda la moral y ética propias de las sociedades humanas?

   ¿Cómo cambiar que, si ni siquiera podemos comprender lo más mínimo, es decir, si ignoramos abrumadoramente hasta nuestro propio contexto que enmarca nuestro desarrollo?

   ¿Nos hemos atrevido alguna vez, a respondernos por qué el ser humano hace lo que hace? ¿Tenemos idea de dónde venimos y hacia dónde vamos, tenemos claridad de lo que significa cultura, consciencia, nación, progreso, desarrollo? ¿Abanderarnos de Libertad, Igualdad y Fraternidad, intentando coercionar, legitimando la explotación, y soñando posiciones de privilegio y sometimiento, nos hacen revolucionarios o hipócritas, ambiciosos e injustos? ¿Acaso, como hombres y mujeres libres, no juramos luchar contra viejos moldes de pensamiento que nos someten a lo que la tradición nos hace aceptar como norma? ¿Qué acaso no nos damos cuenta que vivimos en un mundo puramente enfermo, y que aceptar las normas de comportamiento, sólo nos hacen enfermos como el mundo que criticamos hipócritamente?

   Tan ignorantes son las masas, que ni siquiera pueden darse cuenta que no es sino el modelo de apropiación en privado de los objetos como el de las personas, el que mantiene al mundo en el impase que hoy padecemos. Nadie pareciera darse cuenta que una sociedad busca ser democrática para decidir ¿qué?, sino las relaciones de producción, y las formas de repartición de los satisfactores producidos…  ¿igualdad hasta dónde, coartada, limitada, acotada? ¿Libertad de qué, de explotar, humillar y vilipendiar a mis congéneres? ¿Fraternidad con quién, con quien solapa mis incongruencias, con quien hipócritamente se esconde en la ignorancia de las masas, para lucrar con sus carencias? ¿Qué criticamos entonces y qué estamos dispuestos a cambiar y cómo, si no estamos dispuestos a cambiarnos a nosotros mismos? ¿Son constructores, de qué, de lo previamente construido y plenamente identificado como el origen de todos los males? Solo son sociópatas quienes no pueden siquiera reconocer que el trabajo de todos es igualmente necesario para la supervivencia y vida del todos que somos…

   No existen sociedades desiguales, existen individuos ignorantes hasta de su propia naturaleza social, que solo saben soñar y justificar la explotación que producen, la incongruencia que son, que actúan a conveniencia y que embisten contra lo que desconocen… profanos de la humanidad, obstáculos para el progreso… patrones conductuales del error que hoy somos, y que somete a la mayoría trabajadora al despojo y la indefensión… ¿lideres, concientizadores, maestros? Ni de sí mismos…