Por Mauro Huerta

Salvo en algunos casos excepcionales, en los países considerados democráticos cada día es menos atractivo para gran parte de la ciudanía en general y de los electores el acudir a votar. En México para la gran mayoría los  partidos políticos han dejado de ser representativos de sus necesidades e intereses; en este entorno los partidos que gozan del monopolio fáctico de la representación popular, no les interesa ni les asusta el rechazo del electorado y siguen inmersos en sus juegos palaciegos en pos del poder.

   En días pasados nuevamente el ex presidente mexicano Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa se manifestó, amenazando a la dirigencia del Partido Acción Nacional, que en el caso del que el partido no se reconduzca, él ve la necesidad de una nueva opción política. ¿Qué quiere decir con ello el ex mandatario? Es claro que ante la pérdida de control del partido y de la atomización de sus incondicionales, Calderón amedrenta con la creación de un nuevo partido, quizás emulando a su homólogo, el legítimo, Andrés Manuel.

   Crear un nuevo partido no es el problema de fondo, el problema de fondo es que para Felipe Calderón, la recomposición del PAN significa retomar el control del mismo y no el volver a la raíces del partido, a retomar sus principios de doctrina y enarbolar la lucha por ”la Brega de Eternidad”,  es claro que el PAN en estos momentos pasa por una crisis, que los principios de doctrina y valores son asunto secundario,  cuando de repartir las cuotas de poder se trata. Ni hoy ni en tiempos de Calderón el partido es distinto, sólo cambió de caras.

   Por lo que respecta al Partido de la Revolución Democrática, sólo es cuestión de tiempo de que ese cascarón se rompa, pues si bien Andrés Manuel López Obrador carece de la fuerza para volver a ganar unas elecciones presidenciales en México, si tiene la fuerza para destruir un partido como el PRD, y dar vida a un partido como Morena, que sin duda obtendrá varias diputaciones y alcaldías; la fractura de la llamada izquierda habrá de beneficiar al PRI y en cierta medida al PAN, la buena suerte para el PAN es que Felipe no tiene ni tendrá nunca la fuerza para crear un partido como Morena ni destruir a AN.

   Después de 70 años de PRI, ni qué decir. Enrique Peña fue educado bajo las viejas prácticas priistas y si sobrevive al fuego amigo,  logra ponerle un freno al desbocado de Carlos Slim y, por otra parte, posicionar a su gente en el Congreso podrá terminar su sexenio de forma más o menos tranquila y tendrá la capacidad para negociar a su sucesor, sin más esperanza para los pocos electores que acudan a votar, en virtud de un deber ciudadano, o como un compromiso adquirido, pues está claro que pocos son los que votan seducidos por las promesas de campaña, pocos son los que votan comprometidos con un deber ciudadano.

   La realidad es que los que votan, votan por estar comprometidos en razón de intereses muy particulares, y el resto vota por el que considera el menos peor; este es el triste escenario para las elecciones intermedias en este 2015 en México; cualquier parecido con alguno de los países hermanos es mera coincidencia, sin embargo, sé que hay hombres y mujeres honestos que luchan dentro de los causes institucionales, para ellos mis respetos y consideraciones, la verdadera revolución se inicia con un cambio de actitud, con un compromiso y con el deseo ferviente de transformar nuestras conciencias.