Por Esteban Trujillo Murcia

El origen del gobierno con autonomía local se localiza en la antigua Grecia. Las antiguas ciudades griegas se constituyeron en verdaderos Estados municipales, donde los intereses del pueblo sustituyeron las normas religiosas. Esta forma de gobierno pasó al imperio romano adquiriendo sus propias características, donde las ciudades eran gobernadas por sus leyes y costumbres locales. En América Latina las características del municipio se derivaron de la implantación del municipio romano en España. En los siglo XII y  XIII se dio la época de esplendor del municipio español, que no tiene paralelo en la historia.

   En México la forma de organización de gobierno local de los pueblos del altiplano en la época pre-colonial, se da con el calpulli azteca. Se trata de una forma de organización económica, política y social, formada por un grupo de familias que poseían y trabajaban la tierra en forma comunal. El calpulli era el espacio ocupado por un linaje, o sea, un grupo de familias emparentadas por lazos consanguíneos; cuyo antepasado divino era el mismo. Tenía un dios, un nombre, una insignia y un gobierno particular.

   El llamado “imperio Azteca” en realidad era una confederación de tribus. México, Texcoco y Tlacopan, fueron el asiento de tres tribus cuyos tecuhtlis no eran monarcas; sino jefes militares elegidos por un consejo de jefes. Las tribus que más habían evolucionado formaron una federación que no infringía los derechos de cada una. El calpulli se constituye de este modo en la célula de la organización social y política, siendo el foco de la convivencia social. Administrativamente el calpulli era la unidad de la organización económica: base de la propiedad, del trabajo y de la producción.

   La formación del calpulli estaba dada entonces por la alianza de familias que determinó una forma de gobierno: la de consejo, que era la expresión del poder social surgido de dicha alianza. El consejo estaba integrado por los jefes de familias que eran ancianos, dicho consejo de ancianos designaba a los funcionarios del calpulli y estos desempeñaban los cargos durante toda su vida.

   El calpulli en materia económica era autosuficiente. Los miembros de la comunidad eran capaces de producir los bienes necesarios para su subsistencia: construían sus propias casas de barro, hacían instrumentos de labranza, armas (lanzas, arcos, flechas), vasijas, metates e instrumentos para hilar.

   Los miembros del calpulli, a cambio del derecho a uso de la tierra, estaban obligados ante el jefe de la tribu a pagar tributo en especie como: maíz, frijol, calabaza y chile (nótese que son productos de la milpa); algunas veces también productos de la pesca y la cacería. Estaban también obligados a trabajar en el cultivo de tierras, cuyo producto era para el sostén del soberano, del templo, empleados del palacio, de los jueces y de la guerra; además de apoyar con su trabajo en la construcción de obras públicas.

   Independientemente de lo que tenían que tributar al “imperio Azteca”, así como al jefe de su tribu. Los calpullis estaban constituidos en unidades desconcentradas con plenos poderes de autonomía. El Estado azteca sólo tenía interés de apropiarse de su  producto y trabajo por medio del tributo; sin tocar la organización política, económica, militar y religiosa de las comunidades.

 

Referencias bibliográficas:

Aguirre Beltrán Gonzalo; Formas de gobierno indígena, Instituto Nacional Indigenista, Clásicos de la Antropología, colección nº 10, México.

Burgoa Orihuela Ignacio, 1980, Derecho constitucional mexicano, Ed. Porrúa, 6ª. Edición, México.

Ochoa Campos Moisés, 1985, La reforma municipal, 4ª. Edición, Ed. Porrúa, México.