Por José María Aveytia

A Inocente Azamar sus amigos de preparatoria en la capital del estado le apodaron “mulato lunero”, después de que leyeran en la clase de literatura “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes. Hijo de madre campesina y obrero ferrocarrilero de estirpe revolucionaria, admirador de Demetrio Vallejo y Lucio Cabañas. Inocente Azamar nació un seis de enero en Tierra Blanca, municipio ubicado en la llanura del sotavento, en la parte baja de la cuenca del río de las Mariposas; tierra de décimas, son jarocho y gente brava.

   Lugar donde se usan grandes extensiones de tierra para cría y engorda de ganado bovino y el cultivo de caña de azúcar, entre otros cultivos tropicales.

   Como profesional de la agronomía, desde joven Inocente Azamar hizo trabajo de consultoría con campesinos pobres de la región que consistió en el asesoramiento y tramitación del registro y legalización de predios ante las autoridades agrarias; búsqueda y trámite de recursos para proyectos productivos y la tramitación de servicios como salud, educación, agua entubada, electrificación de poblados, etc.

   Cuando el gobierno estableció el Programa de Abatimiento al Rezago Agrario -con el que hizo la propuesta a las organizaciones campesinas de desarrollar convenios para acabar con el rezago agrario-, la Unión de Campesinos del Río de las Mariposas (UCRM) firmó un convenio con la Secretaría de la Reforma Agraria para un paquete de 427 expedientes. Con este convenio la UCRM se dedicó a corregir las irregularidades en la tenencia de la tierra, en beneficio de campesinos mestizos e indígenas de esa región. En el cumplimiento del convenio se rescataron predios por la fuerza, enfrentando a rancheros ricos que los tenían en su poder. Entregándoselos posteriormente a campesinos que tenían la documentación con las respectivas resoluciones presidenciales de posesión. Hubo rancheros que opusieron resistencia armada, a lo que ellos llamaron despojo de su propiedad por invasores de tierra, lo que derivó en enfrentamientos y violencia, ocasionando muertes en ambas partes.

   El activismo de la UCRM no concluyó con la toma y distribución de tierras. La organización también se dio a la tarea de organizar la producción y capacitar a los campesinos, ya que gran parte de ellos carecían de la educación necesaria y un gran número no sabían leer ni escribir.

   Sin tener filiación a la UCRM, Inocente Azamar inició su apoyo a campesinos militantes de dicha organización que se beneficiaron con el rescate y reparto de tierras; lo que provocó recelo y animadversión hacia su persona entre algunos ganaderos de la región que empezaron hostigarlo. A la vez, su negación de adherirse a la UCRM para no tener compromiso político con su dirigencia, también le ocasionó enemistarse con esta, ya que manifestó su inconformidad con algunas prácticas realizadas por la militancia y la corrupción en su dirigencia con el dinero otorgado por el gobierno para hacer cumplir el rezago agrario.

   Tiempo después Inocente se ausentó de la región para hacer estudios de sociología rural, sin que esto lo desvinculara de los campesinos. Al concluir sus estudios regresó a trabajar con indígenas chinantecos desplazados al Valle del Uxpanapa.

   Con el propósito de formar una ONG orientada a la protección de los recursos naturales y la producción agrícola orgánica, entre otras cosas para proteger los ecosistemas por la excesiva extracción de maderas tropicales, y por la destrucción de la selva al cambiar el uso del suelo dedicándolo a la ganadería extensiva y la agricultura convencional. A la vez, reanudó su trabajo de consultoría independiente sin militancia en organización alguna a campesinos de Tesechoacán y Tuxtepec.

   A los caciques o grupos poderosos y ricos del campo no les conviene la organización, capacitación y educación de los campesinos y jornaleros pobres, ya que la ignorancia y la pobreza van de la mano con la explotación que se hace de ellos. Es así que aquellos individuos que se dedican a auxiliar, capacitar y asesorar a la población marginada del campo han sido mal vistos por el poder económico y político local. Donde aparecen dichos individuos, son enemigos potenciales de ese poder.

   La actividad de Inocente Azamar como consultor de campesinos, le ocasionó por parte de algunos rancheros ricos: primero acusaciones de alborotador de indios, posteriormente hostigamiento y amenazas a su integridad física. En el lugar conocido como Boca del Monte fue amenazado de muerte y golpeado por tres hombres que estaban a las órdenes de ganaderos ricos afectados por la ocupación y reparto de tierras en la región.

   Dadas las repetidas amenazas de muerte y hostigamiento, por “honesto hijo de la chingada” -calificativo que le fue puesto por notable personaje político de la región-,  Inocente Azamar tomó la decisión de salir del país. Llegó a Montreal, Canadá, donde pidió refugio y sobrevivió más de dos años haciendo diversos trabajos: construcción, ayudante de cocina, en el campo y en una comunidad de la fundación Bnei Levy cerca de Monreal haciendo labores de limpieza.

   Dada la negativa del estatus de residente por el ministerio de inmigración canadiense, Inocente regresa a México y al poco tiempo se reincorpora a su antigua actividad como asesor de campesinos. Cada febrero se cumple un año más de que asistió a las fiestas de Tlacotalpan a recitar sus décimas, y bailar zapateado con sus amigos jaraneros “Los pajaritos de Cosoleacaque”.

   Desde entonces no se le ha visto ni se sabe nada de él. Inocente Azamar, “el mulato lunero” o “el tordo” para sus amigos de infancia, está desaparecido. Por dichos de autoridades, prensa y redes sociales, se sabe que seguramente murió de intoxicación al beber de más “toro de jobo” y que como nunca cargaba con identificación personal, debe estar enterrado en alguna fosa común, de esas que ahora son comunes. Vecinos de su pueblo natal, a principios de cada noviembre aseguran haberlo visto regresando de Tlacotalpan -como si Tierra Blanca fuera Comala-.

   Su mujer, María Candelaria Asunción, lo sigue buscando.