Por David Odín Ben-oni

   Poder plantearnos que México y sus ciudadanos viven un luto por la democracia, implicaría necesariamente, reconocer que la democracia en este estado nación alguna vez ha existido, pero, ¿es así, existió alguna vez?

   Parecemos no recordar, que el estado nación mexicano nace como un imperio que costó sangre y fuego consolidar como república y que no necesariamente una república es, en sí misma, democrática. Los griegos, por ejemplo, basaban su democracia – que además ni siquiera era la única forma de organización social que tenían, ni la predominante siquiera– en el esclavismo y la división social en estamentos; los griegos mismos, democráticos por antonomasia según la historia, eran esclavistas terratenientes que decidían el bien general de quién ¿de Grecia? No, ni de toda Grecia, sino de pequeñas ciudades-estado, y tampoco de la totalidad de la población de estas, sino de una casta: la de los terratenientes que, además, ampliaban sus propiedades con base en la guerra de expansión. De la misma manera, y con base en las mismas guerras de conquista, ampliaban su capacidad productiva de acuerdo con la captura y sometimiento de los seres humanos a quienes arrebataban sus tierras y propiedades. Así de civilizados eran los griegos, así de igualitarios, así de justos… tanto, que todos recordamos sentencias a muerte a los pensadores que osaran retar las formas de ser y hacer de la cultura griega.

   Por si esto fuese poco, la palabra “democracia”, que solemos creer es de origen griego, es  en realidad de origen egipcio cuya significancia original no es gobierno del pueblo, sino voz de la aldea, es decir, el consenso de la población total de una pequeña unidad demográfica del Egipto antiguo que, por ignorancia y pobreza cultural, y hasta por influencia de la forma de pensar occidental, se suele confundir con el modelo feudal sin serlo. Pocos son los que saben, o quieren saber, que los faraones egipcios eran escogidos entre el pueblo, sometidos a pruebas iniciáticas, seleccionados de esa forma sin poder evadir las necesidades propias de cada una de las aldeas que conformaban el imperio, y que, los “esclavos” que los occidentales solemos decir que los egipcios poseían, recibían un salario, por tanto, entran más en la categoría de asalariados, que propiamente en la de esclavitud…

   Pero retomando el punto, nuestra obsesión democrática deviene del iluminismo occidental que, si bien es cierto, nos planteaba tal forma de organización social desde el punto de vista del gobierno del pueblo para el pueblo; no es menos cierto que no pudo prever, que la división de la sociedad en clases daría un efecto parecido a la división social en estamentos, y que lejos de ser representados los intereses de los ciudadanos, solo serían representados los intereses de la nueva clase naciente a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII; los nuevos dueños de los medios de producción nacidos de la revolución industrial: los burgueses.

   Representar, no ha significado en la realidad, sino la suplantación del interés ciudadano por el interés de clase; clasificar sólo como ciudadanos, en la práctica, puesto que en el papel todos somos iguales, a quienes pueden a partir de la explotación de las masas, financiar las campañas de quienes dicen ser representantes del pueblo, ignorando las más mínimas necesidades de este.

   Democracia decimos y enunciamos, cual si fuese la panacea del universo, el non plus ultra que viniese del cielo a resolvernos los padecimientos de nuestra especie. Democracia, contrapuesta al autoritarismo y la dictadura, a la tiranía y al absolutismo; pareciera ser lo lógico, la única salida, pero, ¿lo es? Y de serlo, ¿por qué lo es?

   Poco nos ponemos a pensar desde la lógica del ciudadano nominal, el de a pie; pocas veces dejamos de lado la lógica del legislador que cree que las leyes todo lo resuelven, pareciendo olvidar que las leyes deben tener un propósito que las sustente más allá de la lógica punitiva de un estado que, pareciera creer que el castigo y la represión son todo lo que la sociedad necesita para funcionar. Para los legisladores una pregunta: ¿Cuál es la lógica de la sociedad humana, es decir, qué persiguen estas: sistemas punitivos eficaces o la resolución de los padecimientos y las necesidades de los individuos que las conforman? Luego entonces, ¿para qué la democracia?

   La obviedad de la necesaria interdisciplinariedad de la ciencia social salta a la vista; quienes sólo saben hacer leyes, creen que sus leyes dejan de ser convencionalismos humanos para convertirse en preceptos divinizados de los que ni siquiera se puede dudar su efectividad. Constantemente tenemos que recordarles que un conjunto de individuos se agrupan y organizan entre sí, no para generar leyes, sino para satisfacer sus necesidades comunes, facilitar el acto de producir los satisfactores que les resultan necesarios, determinar el mejor método para generar los satisfactores y repartir con justicia lo producido.

   De cumplirse lo anteriormente descrito, ¿cuál sería la razón para la existencia del delito, y por tanto, para sus enunciados punitivos y la imposición de sus leyes?

   Es decir, ¿cuál es la razón de la democracia, sino el garantizar la participación de todos, sin exclusiones, en la decisión de lo materialmente necesario, en la producción de los satisfactores, de los métodos para producirlos, en la garantía de la participación de todos, y de la repartición de los mismos de manera justa y equitativa? ¿En verdad creen que la democracia interesa al pueblo, en el sentido de elegir a quien los represente en la generación de leyes que los limiten, les castiguen, y les prohíban acceder a lo que su civilización produce? ¿En verdad creen, que los ciudadanos todos, desean democracia, para ver cómo alternan el ustedes el poder? ¿Creen en serio, que es en el respeto del sufragio, en donde las sociedades juzgan la justicia, o en la posibilidad de acceso a los satisfactores que tanta falta les hacen? ¿Creen de verdad, que a alguien le importa si es tal o cual, quien habrá de venir a suplantarlos, o si representará por fin sus intereses?

   No seamos ilusos, si la gente, nuestra gente, nuestro pueblo; quiere democracia, es porque año con año le han venido diciendo que a partir de la democracia podrá accesar a todo lo que necesita, que con la generación de trabajo podrán elevar su nivel de vida, que alguien algún día, habrá de hacer valer sus intereses, y lejos de suplantarlo se abocará a luchar por sus necesidades, por el respeto de sus derechos, y no olvidará que debe servirles, no servirse de ellos para catapultarse mediante el despojo y el nepotismo, por demás corruptos, hacia las clases dominantes de la sociedad.

   Democracia para nuestro pueblo, no tiene sentido si no es a partir del cambio de modelo económico que, lejos de despojarlos del producto de su trabajo y de los recursos que del territorio emanan, que lejos de entregarlos a la explotación rampante de los intereses más abyectos de la minoría ecuménica que solo represente el 1% de la humanidad que controla el 86% de los recursos que nuestra especia produce, un día se preocupen no sólo de su supervivencia, sino del desarrollo racional de sus potencialidades que les permitan plantearse a consciencia, un destino autoimpuesto de vida; que significaría paz, progreso y justicia para nuestra especie.

   ¿De qué sirve vanagloriarse de civilizados, cuando el 60% de la población padece hambre endémica, vive en circunstancias insalubres, no puede acceder a la cultura ni a los satisfactores que esta produce, muere de enfermedades curables, no puede acceder a los servicios que ellos mismos generaron, no pueden sentirse seguros porque no saben si mañana habrán de comer, si podrán usar la luz eléctrica, si tendrán gas para poder cocinar, si podrán usar el agua tan necesaria para todos, si podrán transportarse a sus trabajos o escuelas, sí es que las hay en su centro poblacional, si los policías o militares respetarán sus derechos, si no los levantan, secuestran o ejecutan, si es que no los asesinan en un fuego cruzado a mansalva… así de civilizados somos, así de democráticos somos, este es el estado de derecho del que tanto se sienten orgullosos?

   Luego entonces, ¿ha muerto la democracia, alguna vez ha existido? Mis hermanos, mis hermanas; para poder sostener que estamos de luto, tenemos que demostrar que algo a muerto, pero la democracia en México, la democracia en el capitalismo, jamás ha existido… no seamos ilusos, dejemos el idealismo a un lado si lo que pretendemos es construirla…

   Hoy, tenemos la oportunidad histórica de concientizar nuestros procesos, levantarnos del inmovilismo en que nos sometieron por más de 500 años y comenzar a andar. Hoy, nuestro pueblo ha dejado de creer, para comenzar a saber de cierto, que su sistema de partidos no representa sino el engaño de una clase que, fingiendo la libertad ciudadana, da a elegir al pueblo entre una conjunción de esbirros y traidores de clase previamente seleccionados por los dueños de los medios de producción para que salvaguarden sus intereses de clase, para que conserven sus privilegios, para que sigan adoctrinándolos en favor de la pretensión de que nada se puede hacer, nada puede transformarse, y de que la Libertad, Igualdad y Fraternidad, no son sino sueños guajiros, utopías, sin sentidos; y hasta tengan la pretensión de que nos debemos sentir avergonzados de generar ideologías que nos conduzcan a la búsqueda de nuestra emancipación… ¿ahora resulta, que producir lo humanamente humano, la consciencia de nuestras necesidades, la consciencia de tener que satisfacerlas, la consciencia de tener que organizarnos para lograrlo, la consciencia de tener que dialogar para generar los consensos que nos llevaran a la satisfacción de nuestras necesidades comunes y los mecanismos para accesar a lo producido; debería avergonzarnos?

   ¡No!, no estamos de luto, porque la democracia real, la democracia integral, participativa, la popular… está naciendo.

   Nuestros pueblos festejan en las calles, marchando, en el mitin, en el discurso, en el panfleto, en las redes sociales, en la asamblea, en la organización, en la cooperativa, en la barricada, en el trabajo colectivo; el entierro del cadáver putrefacto que es su sistema electoral que cada vez se deslegitima más, y que no pueden sostener sino a sangre y fuego. Festejamos no la muerte del compatriota, no la muerte del desaparecido que muere día a día en la mente colectiva, no la muerte del masacrado, no la muerte del torturado o ejecutado por las fuerzas monopólicas de opresión, sí por el despertar de nuestro pueblo, sí por el saber que quien muere no lo hace en vano, que su sangre abona la colectividad, el hartazgo, la organización paciente y silenciosa de los que no tienen para el oligarca ni voz ni rostro, ni pasado ni futuro, sí el avance paso a paso, hombro a hombro de un gigante que se despereza y comienza a andar, sí el avance de una marea que habrá de borrar para siempre la ignominia de la historia, sí el acto del sincretismo experiencial que nos permitirá más temprano que tarde sacudirnos la explotación, el ninguneo, el vilipendio; sí la lucha diaria por la liberación, sí la muerte lenta, temerosa, aberrante y dolorosa de quienes en conjunto sirvieron de soporte a la tiranía y oscurantismo…

   ¿Y qué queda a los tiranos?, sólo las demostraciones de debilidad e impotencia que les obligan a usar la fuerza bruta pues carecen de argumentación, sólo el hacer de cada camino un retén, de cada acto una violación a las garantías individuales, sólo les queda la destrucción del espíritu liberal de la constitución con la que otrora intentásemos cimentar la existencia de una república que sigue pretendiendo ser democrática; sólo el demostrar sus verdadero rostro de suplantador de las sociedades, de bestia que tortura, desaparece y ejecuta… sólo el acto que, lejos de alargar su vida agonizante, sirve de lazo con el que silenciosamente se autoahorca sin darse cuenta… y antes de expirar ya apesta, su hedor es insoportable, pero nuestro pueblo ya cava la tumba que habrá de guardar sus restos, no de forma anónima e ignominiosa como es su costumbre, sino con un epitafio claro y nítido, para que no olvidemos lo que fueron y representaron, para que jamás nunca se repita el oprobio que son y han sido los esbirros mercenarios del capital internacional; y ese epitafio dirá: aquí yacen los restos de la mascarada que se disfrazó de representación popular, de civilización, de cultura, de servicio, de patria, orden y desarrollo, aquí yacen los restos de todos los mercenarios que les sirvieron traicionando su origen, clase y nación, aquí yacen los restos de la injuria, la desmemoria, la traición y el vicio… aquí yace cada uno de los que con el engaño y la mentira, dividieron a nuestra sociedad y la sometieron a la aberración y la injusticia; aquí yacen muertos de justicia.